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Viajar te abre la mente, y empezás a comparar

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Dicen que viajar te abre la mente. Es que viajar, muchas veces es mucho más que vacacionar. Es sumergirse en otras culturas, idiomas, idiosincrasias, religiones, sabores, olores, texturas y sonidos. De repente podemos encontrarnos en lo más alto de una montaña o en el centro de una gran metrópoli; en total soledad o rodeados de una multitud. Quien viaja colecciona experiencias y eso va dejando huellas en sus pensamientos, su forma de ver el mundo e incluso lo lleva a comparar y analizar su propio entorno.

Son muchos los fundamentos que apoyan la idea de que viajar expande la mente. Uno de ellos es el hecho de que viajar nos saca fuera de nuestra zona de confort, nos obligamos a sumergirnos durante un período de tiempo en otra cultura. En muchos casos, tenemos que recurrir a otro idioma o incluso a las señas para hacernos entender. Se trata de una incomodidad placentera, dado que muchas veces la principal preocupación es entender el menú de un restaurant que está en alemán, o aprender a usar el subte en Nueva York, lo cual puede ser retador hasta para el más experimentado. Aún así, nos obliga a aprender, interpretar, descubrir, crecer.

También se dice que viajar es una experiencia enriquecedora, dado que nos lleva a expandir nuestro acervo: nos encontramos con nuevos sabores, paisajes totalmente diferentes, nos deslumbramos con el arte y la arquitectura, la riquísima historia de cada civilización, descubrimos otras costumbres, y nos asombramos al ver qué distintos y qué parecidos podemos ser los seres humanos.

Otro de los aspectos en que viajar puede beneficiarnos es que nos permite hacer una especie de “reset mental”. Al encontrarnos en un contexto totalmente diferente al de nuestra vida cotidiana, es lógico que nos alejemos de las preocupaciones del día a día, y empecemos a relajarnos. Una tarde frente al mar, en una playa paradisíaca, es suficiente para quitarle el estrés a cualquiera! Así, tomando distancia, serenando nuestros pensamientos, también podemos enfocarnos mejor en los temas que nos preocupan y tomar mejores decisiones.

Es decir que los beneficios de viajar son muchos, además del disfrute que el viaje trae de por sí. No por esto, quiero decir ni inferir, que viajar nos hace superiores al resto ni mejores personas, no creo que tenga nada que ver con eso.

Y hoy, particularmente, quiero hacer foco en algo que nos surge casi naturalmente, cuando empezamos a “abrir nuestra mente al viajar”: empezamos a comparar. Cuando vemos que en otro país las cosas se hacen de otra forma, lógicamente nos llama la atención y pensamos si es mejor o peor que en el nuestro. Y cómo nos gustaría que fuese.

En lo que respecta al turismo particularmente, es imposible no comparar la facilidad que uno tiene para viajar y moverse en otros países, y pensar cómo se sentirán los turistas extranjeros que llegan a la Argentina en comparación con su país. Sólo por citar algunos ejemplos:

Si decido viajar al nordeste Brasileño, pongamos Maceió por ejemplo, tengo que tomar un vuelo con escala en San Pablo o en Rio de Janeiro. Tanto Guarulhos como Galeão tienen conexión con Maceió. O sea que no necesito cambiar de aeropuerto. (Podría, si quisiera, cambiar de aeropuerto porque Congonhas y Santos Dumont tienen conexiones con Maceió, pero lo ideal sería hacerla en el aeropuerto internacional de llegada). En cambio, si un turista brasileño decide viajar a Mendoza, por ejemplo, tiene que tomar un vuelo a Ezeiza y luego tomar un transfer hasta el Aeroparque Jorge Newbery. Y ni hablemos de los pocos vuelos que conectan provincias y ciudades entre sí. Por ejemplo si alguien de Jujuy quisiera viajar a Iguazú, tiene que tomar un vuelo con conexión en Buenos Aires. De igual manera, alguien de San Juan, que quisiera visitar Bariloche, debe llegar a Buenos Aires para hacer escala forzosamente. Los ejemplos como éstos, son infinitos. Si bien en los últimos años se abrieron más aeropuertos internacionales, y se crearon más rutas entre ciudades del interior, creo que en este punto hay un serio trabajo por realizar y optimizar las conexiones, las rutas y los aeropuertos.

También en cuanto al transporte terrestre, es muy triste hacer la comparación de los modernos, rápidos, sofisticados y puntuales trenes europeos, con la pobre, deficiente y casi nula red de ferrocarriles del país. Basta ver la evolución, mejor dicho, la involución de las últimas décadas (1960-2019):

La falta de trenes no sólo afecta al turismo, sino también al desarrollo integral del país. Muchos pueblos literalmente desaparecieron luego de que se cerrara la estación del ferrocarril. Y otro tanto sucede con las rutas y autopistas, escasas, deficientes y en pésimo estado que tenemos. Cuando uno viaja a Estados Unidos, no puede dejar de admirarse de sus rutas y autopistas, que tienen una enorme cantidad de carriles, señalización, seguridad e infinidad de paradores en todo su recorrido. La diferencia es abismal.

No sólo en cuanto al transporte, comparo con tristeza la experiencia de hacer turismo en Argentina con la de visitar otro país. Hay una cuestión de infraestructura de base. Basta con visitar las cataratas del Iguazú del lado argentino y del lado brasileño. A pesar de que el lado argentino es el que tiene la mayor cantidad de saltos de agua, las vistas más espectaculares, y un paseo mucho más extenso, con sólo visitar los baños públicos de uno y otro lado, la diferencia se hace notar. Si fueron, sabrán de lo que hablo. Lo mismo sucede con el acceso al parque, la información, el transporte dentro de los recorridos, y la infraestructura en general. Lamentablemente, tenemos un patrimonio natural increíblemente rico que no sabemos valorar ni valorizar. Por qué en otros países sí nos encontramos con sanitarios limpios y sin necesidad de hacer filas absurdamente interminables, y en Argentina eso parece misión imposible? Por qué nuestros parques nacionales no cuentan con la infraestructura necesaria para hacer una visita placentera y accesible? Muchos de ellos tienen caminos que son -en partes- intransitables (en muchas ocasiones, por fuerza mayor en condiciones climáticas severas. En otros casos, por falta de desarrollo e infraestructura), baños en condiciones lamentables, poca información para los turistas, poco desarrollo para recorrerlos, y escasa oferta de servicios. Por ejemplo, recorriendo el bellísimo Parque Nacional El Palmar, nos encontramos con que la comida del único kiosco que estaba abierto, tenia el pan verde (sí, sí, verde de podrido!!). Quisimos ir al toilette, pero fue imposible por las condiciones totalmente precarizadas en las que se encontraba. Una experiencia sumamente maravillosa, se ve opacada por situaciones que podrían resolverse con apenas un poco de trabajo y un mínimo de recursos. Y esto es sólo un ejemplo. Cuando viajamos por el mundo, vemos que hay mucho desarrollo pensado especialmente en brindarle comodidad, servicios y seguridad a los viajeros, pero eso acá no sucede tan así.

Hablemos ahora de precios. ¿Cómo puede ser que a los argentinos nos resulte más económico viajar fuera del país, que hacer turismo interno? ¿CÓMO PUEDE SER? Esto viene siendo así desde hace bastante más de una década, pero ahora incluso con la brutal devaluación que sufrió el Peso argentino, es aún más absurdo e irracional que siga sucediendo. A las pruebas me remito: Para estos ejemplos me basaré exclusivamente en hoteles de la misma categoría y que yo misma visité para poder comparar los precios a igual nivel de prestaciones. Buscaremos una noche de alojamiento, para la misma fecha y con la misma agencia de viajes:

-Hotel Cacique Inacayal Lake & Spa 4* de Bariloche: $21.248
-Hotel Cilene del Faro Suites & Spa 4* de Ushuaia: $16.604
-Hotel Pestana Rio Atlántica 4* de Rio de Janeiro: $ 12.738
-Maceió Mar Hotel 4* de Maceió: $9.152

Y aclaro, por las dudas, que los precios de los hoteles de Brasil incluyen los impuestos “solidarios” al dolar de 30% + 35%.

Tomar un vuelo a Estados Unidos o Europa desde Brasil, Uruguay o Chile siempre suele ser más barato que hacerlo desde cualquier aeropuerto de nuestro país. Ese es el gran secreto de las “ofertas locas” que vemos en internet muchas veces. Entonces, resulta conveniente usar las millas de viajero frecuente para pagar un tramo a Rio de Janeiro o Guarulhos, por ejemplo, y desde allí tomar el vuelo a Europa o Estados Unidos. Es un tip de ahorro, pero también es triste que tengamos que recurrir a eso para tener un precio un poco más accesible. No me imagino a un norteamericano saliendo desde Canadá hacia Argentina para pagar menos.

Todo esto sin mencionar el hecho de que muchas veces en los viajes tenemos que aprovechar para comprarnos ropa, porque en nuestro país nos cobran precios exorbitantes, de los cuales, la gran mayoría está constituida por impuestos. Ya hemos hablado de este tema en este artículo: Grandes almacenes para comprar ropa en Estados Unidos

Son muchos los factores que llevan a una inevitable comparación. A veces, los argentinos estamos tan tristemente acostumbrados a la falta de respeto y educación, que nos sorprendemos frente a gestos amables en otras culturas. Hace algunos años, viajaba por Maceió en un colectivo de línea que iba muy lleno. Una mujer que viabaja sentada me pedía la cartera, y por supuesto que no se la dí! Después, otro día me volvió a pasar lo mismo, y cuando lo comenté -con cierto estupor- con amigos brasileños, ellos se rieron mucho y me dijeron que es un gesto de cortesía muy frecuente: quienes viajan sentados le ofrecen llevarle las carteras o bolsas a quienes viajan de pie. “Gentileza gera gentileza” dicen ellos: la gentileza genera gentileza. En Estados Unidos, más de una vez me llamó la atención ver cómo en lugares donde uno se tiene que “amontonar” para sacar una foto, -como por ejemplo en el ferry que va hasta Alcatraz o el de la Estatua de la Libertad- la gente antes de ocupar un lugar, primero se fija de no estar molestando a otro. “Te tapo?” me preguntaban, “No, no, tranquilo” respondía. Recién ahí se acomodaban para sacar la foto. Incluso, en los espectáculos de los Parques de Disney, más de una vez, antes de sentarse al lado nuestro, nos han preguntado si estábamos esperando a alguien más para no ocuparles el lugar. Otro ejemplo maravilloso: estábamos almorzando en Múnich, en el Viktualienmarkt, donde las mesas son largas y uno comparte con más personas. Yo estaba enviando un mensaje de audio a mi familia. Al terminar mi locución, vi que la pareja que estaba sentada al lado nuestro, había esperado pacientemente que yo termine de hablar, para avisarnos que se iban a levantar de la mesa y eso podía hacer que se sacudieran un poco los asientos, para que no nos asustemos. Ni hablar de los refinados modales británicos, la calidez de los franceses, la amabilidad de los holandeses, o la simpatía y afectividad de los mexicanos. Por supuesto que estoy haciendo una generalización, pero en algunos casos la generalización es positiva y en otro más bien negativa. Visité las cataratas del Iguazú en 4 oportunidades, porque es un lugar que me encanta. El momento cúspide de la visita, es la llegada a la Garganta del Diablo, sin dudas uno de los espectáculos más maravillosos que existen en el planeta. Sin embargo, en todas las oportunidades me ha tocado presenciar empujones y molestias entre los visitantes, para ver quién se saca la foto primero, o quién estuvo esperando más tiempo. Además, sobre nuestro país, pesa una maldición llamada “viveza criolla”, vivimos en una cultura del sálvese quien pueda. ¿No te pasa que en Argentina sentís que tenés que estar con cuidado de que no te pasen por encima, no te estafen o no se aprovechen de vos? Bueno, eso en otros países eso no sucede. Y eso también forma parte de la grata experiencia de viajar al exterior.

Hace poco le preguntaron al reconocido viajero Alan Estrada, creador del blog Alan x el mundo si en alguna parte del mundo se había sentido inseguro. Y él respondió que sí, que se sintió inseguro en Argentina, pero no porque le haya pasado algo, sino porque eran tantas las recomendaciones en cuanto a seguridad que recibía, que terminaba por asustarse y no poder disfrutar de la experiencia. Es que lamentablemente, quienes vivimos en el Área Metropolitana de Buenos Aires hemos sido víctimas de la delincuencia en algún momento de nuestras vidas, o tenemos un conocido muy cercano a quien le ha pasado algo grave. En mi caso, me robaron el celular 2 veces: una en un colectivo y la otra en un restaurant. Me pasó a mí, le podría haber pasado a cualquier turista. De hecho, en los últimos años hemos visto varias noticias de turistas que han sido baleados en un asalto. Se imaginan mi sorpresa cuando fui al Times Square por primera vez y vi que la gente dejaba las mochilas en el piso y se iban a sacarse fotos? O en los parques de Walt Disney World, donde la gente deja los cochecitos de los bebés con sus carteras, bolsos, cámaras de fotos y celulares solos? Si, dejan los cochecitos con todo solos y se van a disfrutar de las atracciones. En las principales ciudades de Europa, se advierte sobre la presencia de carteristas (pickpocketers) en los puntos de interés turísticos. Pero allí es inimaginable perder la vida por un celular.

Creo que en Argentina falta mucha planeación turística. Hay que diseñar la experiencia del turista estratégicamente para proveerle información, seguridad, comodidades y servicios para que puedan disfrutar al máximo su experiencia. A eso también apunto con la información que brindo en este blog. Es por eso que muchas veces me contacto con las oficinas de turismo para solicitar datos, hacer consultas, o investigar sobre algún tema, que luego pueda transmitirles. A lo largo de los años, acudí a oficinas de turismo de Europa, Estados Unidos, Brasil, entre otros. Siempre me han respondido con la mayor amabilidad y me han brindado la información solicitada. Incluso recibí invitaciones de parte de empresas como Disney o Costa Cruceros. Pero cuando me contacté con oficinas de turismo nacionales, me di cuenta que de que para algunas cosas no hay distinción política, dado que todas actuaron igual: simplemente no respondieron. Y esto pasa hace años, con distintas administraciones, y muchas ciudades. Incluso algunas a las que, como visito más asiduamente, les doy mucha preponderancia en mi blog y redes sociales. Muchos de esos artículos reciben decenas de miles de visitas en temporada alta, lo cual quiere decir que se trata de información de interés para los viajeros. Es muy triste ver que los propios entes de turismo no se interesan por acercar datos de utilidad a sus visitantes. Y no por ello, dejaré de escribir sobre esas ciudades o sobre nuestro país, porque mi blog es para ustedes, no para ellos. Pero me da pena su desidia y el desinterés por sus turistas, que son a su vez, los que generan crecimiento económico para toda la ciudad.

Y paradójicamente, también al viajar y comparar, me pasa lo contrario: cuánto más viajo, más valoro los tesoros que tenemos en nuestro país. Nuestro patrimonio natural es inconmensurable, tenemos el octavo territorio más grande del mundo, con una variedad de ecosistemas y una biodiversidad riquísimas. Montañas, sierras, glaciares, lagos y lagunas, miles de kilómetros de costa marítima, cataratas, ríos, campos, bosques, selvas, dibujan el paisaje argentino. Tenemos escenarios naturales que se encuentran entre los más bellos del mundo. Basta con decir “Patagonia” en el exterior, para ver cómo a los extranjeros se le iluminan los ojos al imaginar esa maravilla. ¡Y es nuestra!

Así como es diverso nuestro territorio, también lo es nuestra cultura. En cada provincia nos encontramos con tradiciones, sabores, modismos y costumbres, y hasta un acento propio que nos caracteriza. ¡Y eso también es parte de nuestra riqueza!

Algo que valoro mucho de nuestro país, es que muchas de las visitas más significativas que uno pueda hacer son gratis. Tal es el ejemplo de la Casa Rosada. Tuve la suerte de visitarla en el año 2019, y quedé deslumbrada con su belleza y su historia. Cualquier argentino o extranjero que desee visitarla, puede hacerlo con sólo reservar turno en el sitio web. Se ofrece una visita guiada sin ningún costo. Ese tipo de cosas no siempre suceden en otras partes del mundo.

Cada ciudad con sus atractivos, nuestra cultura, nuestra historia, nuestra naturaleza, nuestra gastronomía, y nuestra forma apasionada de vivir, deslumbran a todo aquel turista que pisa estas tierras. Somos un país tan abundante en cuanto a opciones turísticas que podríamos vivir casi exclusivamente del turismo como cualquier país europeo. Podríamos ser potencia, pero nos quedamos hundidos y estancados en la grieta. Y escribo esto sin ninguna bandera política, desde el dolor de una ciudadana ve desperdiciadas, a diario, tantas oportunidades de convertirnos en una gran nación.

La comparación surge, como decía al principio, del hecho de visitar otros países y otras culturas. Pero, haciendo una breve incursión en los terrenos de la antropología, debo decir que la mía no es una visión evolucionista. Es decir, no creo que todas las civilizaciones recorran una línea de tiempo que las lleve desde “la barbarie” hasta “la civilización”, y de ello se desprendiera que los países más desarrollados están más adelante en esa línea, y nosotros llegaremos algún día. Por el contrario, desde una perspectiva más ligada a los postulados de la Teoría Funcionalista y de la Escuela Sociológica Francesa, considero que la cultura analizarse como un todo, interrelacionado, que da sustento a la estructura social. Pero, en un mundo globalizado, en el que tenemos fácil acceso a las buenas prácticas de otras naciones, creo que es posible mantener la idiosincrasia y la autenticidad, a la vez que se implementan políticas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos, y promuevan el desarrollo sustentable del turismo, sin que ello implique un proceso de aculturación.

La técnica del “kintsugi” se emplea en Japón para reparar piezas de cerámica rotas para hacerlas más hermosas de lo que eran antes. Se trata de una práctica centenaria, que consiste en reparar una pieza con un barniz espolvoreado de oro, plata o platino. Esto forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto, y que deben mostrarse en lugar de ocultarse, dado que embellecen al objeto, poniendo de manifiesto su transformación y resiliencia. Tal vez, sólo tal vez, si hiciéramos eso con la mentada y perversa grieta que divide a nuestro país, un día podamos mirarnos con orgullo y entender que todo lo que pasamos ha tenido un verdadero valor.

2 comentarios

  1. Qué excelente artículo, Puli! Tenes el puño lleno de verdades! Describiste a la perfección una situación que, tristemente, nos pasa a una gran parte de los argentinos. Me encanta como escribis.

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