Mucho más que Miramar

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Hoy miraba las fotos de mis últimas vacaciones en Miramar, y esta simple imagen de una bolsita de pochoclos me hizo pensar:

Por qué fotografiar una bolsa de pochoclos? Porque es un símbolo, una alegoría de las vacaciones en la Costa Atlántica. Porque es el emblema de un momento feliz. Entonces, me puse a recordar de cuántos pequeños momentos está construida mi historia, de 40 años y contando, con Miramar.

Miramar fue el escenario de todos mis veranos, muchos inviernos, feriados y escapadas, y es para mí mucho más que una ciudad balnearia.

Miramar es mi infancia en familia. Ir a la playa por la mañana con mi abuela Lala, pasar por la panadería y comprar 2 facturas para comer una a la ida y otra a la vuelta. Jugar en la orilla del mar con mis tíos abuelos Pepe y Lele. Disfrutar junto a mi mamá, mi papá y mi hermanita.

Miramar es Pibelandia, y sus juegos para niños, que fueron mis primeros juegos. El caballito, el autito, la sillita que giraba en una rueda. Es mi mamá diciendo «Puli, ahora que estás en el caballito, disfrutá de ese, y después vamos al autito», porque yo en vez de disfrutar el caballito ya estaba pensando cuál era el próximo jueguito al que me iba a subir. (Hoy en día me dice lo mismo cuando me encuentra en situaciones de similar ansiedad). Luego pasé a los autitos chocadores, y los videojuegos. El Pacman, o el «come come» como le decíamos con mi hermana.

Miramar es Harvey, el conejo gigante e invisible, que era amigo de mi papá y todos los días me dejaba un chocolate Jack de regalo. (Por cierto, si pueden ver la Película Harvey de 1950, no se la pierdan, es una hermosa lección de vida).

Son las galletas marineras, que por aquella época se vendían como el pan en cualquier panadería y que hoy ya no son tan comunes.

Son las tardes de mate y facturas en la playa.

Es el aroma de pinos y eucaliptos del Vivero.

El Balneario Costa Azul, carpa 2, que solíamos frecuentar hace tantos años atrás.

Miramar son las noches de música en la peatonal, en las plazas y en los centros comerciales. Román Webb, Eduardo Bossio El Tenor, Rumbo Nuevo.

Son las escapadas con amigas, las risas cómplices y las charlas frente al mar. Las cartas que enviábamos con mi amiga del alma, Mele, hasta llorar de la risa.

Son los castillitos de arena que hacía en la orilla del mar junto a mi mamá. La bolsa llena de chiches que ella me llevaba a la playa.

Es el amanecer y el atardecer frente al mar, con su maravilloso espectáculo de colores.

Miramar son los paseos en bicicleta junto a mi mamá y mi hermana.

Son los «cucuruchos» de papas fritas de Popeye, y los helados de El Caballo Loco.

Los amigos del edificio, con los que me encontraba cada verano.

Miramar es las 4 estaciones en un sólo día. El sol, el viento, la lluvia, y el frio que la sobreviene.

Es el Down Town y el Piazza San Marco, en su época de esplendor. Y también el antiguo supermercado Afra.

Son las meriendas con mamá, Lala y Romi en la granja «Los Dulces de Ofelia».

Y los paseos que mamá sacaba de la galera los días nublados.

Son las famosas máquinas de muñequitos, y las bolsas llenas de peluches que volvían a casa al final de la temporada.

Miramar es el lugar donde se conocieron mis papás. Y es el lugar donde me enamoré de mi esposo.

Es la antigua heladería Trento, con su novedad de helado autoservicio al peso.

Es aquel árbol del vivero, que todos los años íbamos a buscar con mi hermana.

Era la libertad de caminar por la calle sin miedo.

Son los campos de girasoles de camino a Mar del Sur.

La Iglesia de San Andrés y la Gruta de Lourdes.

La nieve que sorprende en algunos inviernos.

Miramar son los chalecitos de cuentos, con frente de piedra y madera, y jardines floridos llenos de margaritas, hortensias y rayitos de sol.

Es la peatonal 9 de Julio, con sus negocios, sus restaurantes y heladerías.

Es el recuerdo de las panaderías La Unión, La Central, La Bambina, y Pepe Pastelería.

Son las tardes en la playa junto a mi perritas Sol y Luz.

Rotimar y su inconfundible sabor de comida casera.

Miramar es el mar gélido, de olas grandes y fuertes, que producen más de un revolcón en la orilla.

Son las noches en que salíamos a tomar un clericó con mi Lala y Pato.

Las caminatas al Muelle, y sus vistas deslumbrantes.

Es Pato proponiéndome compromiso frente al mar.

Miramar es también Carlitos Balá en el Teatro Atlántico, y años más tarde, Diego Torres en el Rex.

Es el legado de los pioneros: el antiguo hotel Colonial, los Edificios Las Vegas, y el primer chalet con vidrios curvos de la ciudad.

Es llevar a pasear a mis queridos suegros, mostrándoles lo más lindo de la ciudad.

Miramar es viento, tan fuerte como sus olas. Es también aquel tornado que nos obligó a salir corriendo de la playa.

Es el tren que ya no llega más. Y su estación abandonada. El recuerdo de lo lindo que era viajar para allá en tren junto a mi familia cuando era pequeña.

La emoción de llegar, y el llanto de no quererme ir.

Es el Bosque Energético, con su halo de misterio y su promesa de purificación espiritual.

Son los alfajores Havanna, Politeama, Trassens y Miramar.

Los pirulines, los barquillos y los churros en la playa. Y, por supuesto, los pochoclos en la 9 de Julio.

Miramar es mi pasado, presente y futuro. Es mi casa aunque no lo sea. Es parte de mí, y una parte de mí le pertenece. Es ese lugar que muestro con orgullo a todo aquel que llega por primera vez. Es ese lugar del que les hablo tanto aquí en mi blog.

Por allí pasaron todos mis afectos, y millones de recuerdos memorables. Y al final, la felicidad no es más que la suma de pequeños buenos momentos. Será por eso que Miramar es para mí mucho más que una bella localidad balnearia.

Y vos? Qué recuerdos atesorás de tus vacaciones? Te invito a compartirlos en los comentarios.

6 comentarios

  1. Recuerdo mis vacaciones en San Bernardo, las tardes y noches en Playland, jugando al Tekham World Cup, las pasadas por la Heladería Fragola, las caminatas por la playa, los partidos de fútbol y de pelota paleta.
    Muy lindo tu post! Me trajo muy lindos recuerdos!

  2. Como siempre pienso que transmitir con las palabras un montón de sentimientos,experiencias y vivencias,para vos Puli,es algo mágico. Hermoso artículo sobre tu amada Miramar.Te felicito!!!!

  3. Miramar también para mi el lugar de vacaciones. Allí pasé todos los veranos hasta que me vine a España, en 1989. Recuerdo todos los lugares que nombras. Colarme en los conciertos del cine Gran Rex era un clásico. Como los panqueques de dulce de leche en Mickey (9 de Julio y 14) O la cafeteria Petit Café en 9 de Julio y Costanera. Tantos años en el edificio Frentemar de Costanera 1069. Tantos recuerdos que algunos los tengo escritos en mi blog. Gracias por recordarme parte de mi pasado. Saludos

    1. Me alegra mucho haberte traido esos recuerdos tan lindos! Muchas gracias por compartirlos! Las vacaciones en Miramar son mágicas e inolvidables! Saludos

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